Hoy en día, es habitual oír en los medios de comunicación noticias relacionadas con menores involucrados en conductas violentas con nefastas consecuencias. Esto ha hecho que muchos padres, se alarmen ante la posibilidad de que sus hijos desarrollen una conducta agresiva incluso violenta.
La prevención es la herramienta más eficaz que podemos utilizar para que estas situaciones no tengan lugar. Los padres deben perder el miedo a afrontar una rabieta, saber qué hacer si su hijo les insulta o les pega ,aprender a evaluar si en la familia existen factores que facilitan la aparición de comportamientos agresivos y como sustituirlos por los adecuados.
¿QUE ENTENDEMOS POR CONDUCTAS AGRESIVAS?
Podemos definirlas como aquellas conductas intencionales que puedan causar daños ya sea físico o psicológico. Conductas como: pegar a otros, burlarse de ellos, ofenderles, tener rabietas (del tipo arrojarse al suelo, gritar, golpear muebles), utilizar palabras inadecuadas para llamar a los demás.
Muchos expertos diferencian entre:
- Agresividad instrumental: cuyo fin es no agresivo como por ejemplo obtener un objeto material, aprobación social o incrementar su autoestima.
- Agresividad hostil o emocional: tiene como principal objetivo dañar a alguien o a algo.
¿COMO EVOLUCIONA?
Los arrebatos de agresividad son rasgos normales en la infancia. Los niños manifiestan conductas agresivas que son beneficiosas porque les ayudan a superar etapas en su desarrollo.
Picha en este enlace: CONDUCTAS AGRESIVAS SEGÚN LA EDAD
El nivel máximo de agresividad suele darse, aproximadamente, a los 2 años, a partir de los cuales disminuye hasta alcanzar niveles más moderados en la edad escolar.
Entre los 2 años y los 5 años se observa un declive gradual en la agresión instrumental, al tiempo que se observa un incremento de la agresión hostil.
Entre los 6-8 años se observa menor número de agresión total que al principio. Sin embargo, hay una proporción más alta de agresividad hostil que instrumental.
No obstante, aunque formen parte de su desarrollo no significa que se debe esperar a que se le pase, sino todo lo contrario, en la mayoría de los casos será la intervención de los padres la que marque una gran diferencia entre posibles alteraciones de conducta que el niño pueda presentar y otras conductas más adaptadas.
FACTORES QUE PUEDAN INFLUIR Y AGRAVAR DICHAS CONDUCTAS
– Mantener en casa un clima de discusión constante: Familias en las que la bronca es la forma habitual de dialogo.
– Padres como modelos inadecuados: se debe evitar que los niños vean a sus padres utilizar comportamientos agresivos fuera de casa.
– Ambientes familiares competitivos: padres empeñados en que sus hijos sean los mejores sin importar que pisoteen a quien haga falta para conseguirlo.
– Buscar culpables en vez de buscar soluciones: Insistir en que es necesario saber quien tiene la culpa no sirve para nada.
– Emplear cualquier tipo de amenaza para hacerles obedecer: Suele ocurrir que la amenaza es efectiva al principio pero cuando se repite no tiene validez porque aprenden que detrás de esa amenaza no hay ninguna consecuencia.
– Poca tolerancia a la frustración y al estrés: los niños que toleran poco las frustraciones o que estén sometidos a situaciones estresantes también suele n ser más violentos.
SOLUCIONES QUE A VECES NO FUNCIONAN
–“Dejarles, que son cosas de niños”: está claro que los niños deben aprender a resolver sus conflictos por si mismo pero ¿alguien les ha enseñado como pueden hacerlo?.
– “Hacer lo mismo para ver que hace daño”: Normalmente se opta por esta solución para que entienda que no debe hacer lo que a él no le gusta que le hagan. No obstante, corremos el riesgo de que lo entienda al revés “mis padres pegan, yo también puedo pegar”
– “Nos vamos a casa”: confiar en que el niño relacione el irse a casa como consecuencia del acto de pegar, es habitual. El problema es que si es muy pequeño no entenderá esta relación. Además, los niños no tienen mucha noción de tiempo y unos días puede estar toda la tarde jugando en el parque y hacérsele corto y otro día estar un ratito y cansarse enseguida.
Otra cuestión a tener en cuenta es si se tiene más de un hijo ¿te los llevas a los dos a casa?
¿QUE PODEMOS HACER?
HABLAR CON EL, en MAYUSCULAS porque es fundamental dialogar con ellos antes de comenzar a recriminar su comportamiento.
A partir de los 3 años el niños comienza a conocer el mundo de la emociones y a ser más racional. Además, ya poseen vocabulario y son más capaces de entender lo que decimos y de poner palabras a lo que sienten.
Por eso, es importante sentarse con él y hablar sobre lo que ha pasado.
Pasos que podemos llevar a cabo:
1º Explicarle cuando y porque aparecen las emociones negativas. Aclararle que dichas emociones no son ni buenas ni malas, son suyas y aparecen si algo no les gusta. Todos nos hemos sentido así en alguna ocasión, poner algún ejemplo para facilitar su comprensión, lo importante es saber cómo actuar cuando esto ocurra.
2º Una vez comprobado que el niño ha entendido hay que pedirle que cuente la última vez que sintió ira y elaborar con él una lista de cosas que le enfadan.
3º Elaborada la lista, es recomendable explicarle que debemos dejar liberar esa emoción Este ejemplo nos servirá de ayuda:
“Imagina una olla llena de aguar hirviendo con la tapa cerrada. Si no dejas que salga el vapor, la olla explota y esto nos provoca un gran susto a los que estamos cerca”.
Es importante expresar ese enfado sin dañar a nadie. Podemos buscar con él formas divertidas de expresar su ira (si el participa del proceso, será más efectivo) Algunos ejemplos: contar algún amigo lo que le pasa, contar hasta 10 antes de ponerse a insultar, recibir un abrazo, irse a su habitación y pensar si la situación es tan desagradable en realidad, golpear una almohada, hacer un dibujo de su ira, dar 5 vueltas a la casa corriendo tan rápido como pueda, pensar en cosas buenas (vacaciones divertidas, practicar algún deporte (salir a dar un paseo en bici, por ejemplo).
4º Buscar posibles soluciones al problema que les genera dicho malestar. “¿Cómo puede solucionarse la situación de otra manera? Que diga todas posibles soluciones que se le ocurren, valorar las consecuencias de cada una y elegir aquella que considere más adecuada.
MEDIDAS DE EMERGENCIA:
Si presencia una conducta agresiva se puede utilizar la técnica de “tiempo fuera”, apartar al niño de la situación y dejarles un tiempo (aproximadamente tantos minutos como años tenga el niño) en un sitio sin distracciones.
Esta medida no debe adoptarse como castigo sino para que el niño pueda tranquilizarse.
Si a pesar de todas estas medidas y, transcurrido un tiempo prudencial, el niño continua con la conducta agresiva, sería recomendable que un especialista valore el comportamiento con el objeto de proponer una intervención mas individualizada.