LA MENTIRA EN EL NIÑO

La mentira forma parte del ser humano ¿Quién no ha mentido alguna vez? .Se trata de un mecanismo que utilizamos para salvaguardar nuestra autoestima, proteger nuestra intimidad, evitar conflictos, obtener lo que deseamos. Supone una salida muy rápida y sencilla ante situaciones o aspectos que no queremos afrontar, incluso en ocasiones le restamos importancia, la famosa “mentirijilla sin importancia”.

Está claro que el ser humano no es perfecto y a veces optamos por la salida más fácil, no debemos fustigarnos por ello, lo malo es cuando abusamos del engaño y lo convertirnos en un hábito que puede dañar nuestro bienestar emocional y nuestras relaciones con los demás.

Por todo ello, es importante que desde pequeños, enseñemos a nuestros hijos la importancia de ser sinceros y asumir la realidad tal y como es.

MI HIJO MIENTE, ¿DEBO PREOCUPARME?

Las mentiras en la infancia son incorrectas pero normales, todos los niños han mentido alguna vez o por lo menos lo han intentado. Lo verdaderamente preocupante seria que ni si quiera lo intentaran.

Que esta conducta se convierta en una práctica habitual dependerá de la forma en que los padres aborden dichas situaciones.

FORMA PARTE DE SU DESARROLLO:

Las primeras mentiras suelen surgir entre los 3 y 5 años, y se encuentra relacionadas con el desarrollo en tres ámbitos: el lenguaje, el pensamiento y el desarrollo social.

A estas edades el niño ya posee herramientas lingüísticas suficientes  para jugar con la información,; además,  su pensamiento evoluciona lo que le permite transformar mentalmente la realidad e informar a otras personas sobre esa transformación (ahí aparece la capacidad de mentir). Por otro lado, comienza a comprender las normas y valores sociales y tratan de ajustarse a ellos. El deseo de cumplir las expectativas  que los demás tienen hacia ellos  puede inducirles a mentir.

PRINCIPALES CAUSAS:

A edades tempranas son muchas las causas que impulsan a un niño a mentir:

Como imitación. “Los niños nunca han sido buenos para escuchar a sus padres pero si en imitarlos”, de nada sirve decir a nuestros hijos que no mientan si luego ellos ven que nosotros lo hacemos. Por ejemplo, el niño que escucha a su madre negarse al teléfono  con un “dile que no estoy”. Tiene que existir una coherencia entre vuestras palabras y vuestros hechos.

– Para evitar un castigo.

– Para estar a la altura de las expectativas de unos padres exigentes.

Para enmascarar su inseguridad o baja autoestima, ante otros niños fabulando sobre su vida, su familia sus posesiones. Por ejemplo, decir que tiene muchos juguetes cuando en realidad no tiene muchos; Inventarse un viaje a Eurodisney cuando en realidad no se ha ido de vacaciones…

Como una llamada de atención porque se siente desatendido, por ejemplo inventándose dolencias o falsear sobre un posible problema.

Para provocar a los adultos  y, de este modo, saber hasta dónde puede llegar.

Para proteger su intimidad  ante la insistencia de los padres que quieren saber que ha hecho durante el día, con quien han estado,…etc. Esto no significa que los padres no tengan derecho a interesarse pero, en ocasiones, ese derecho es visto por el niño como una intromisión a su intimidad, algo que, ante la insistencia paterna, les lleva a mentir para protegerse.

¿CUANDO DEBEMOS PREOCUPARNOS?

Es cierto que mentir forma parte de su desarrollo pero existen particularidades que deben ponernos alerta y tomarnos el asunto en serio:

– Si el niño miente de manera exagerada y con frecuencia.

– Si el niño se empeña en mantener la mentira.

– Si utiliza la mentira para dañar a otros o salirse con la suya…

¿COMO  ACTUAR?

En primer lugar, es importante averiguar la causa  para así poder corregir lo que de nuestra parte pueda estar influyendo. En el caso de que este comportamiento sea exagerado, no dudar en recurrir a un profesional que pueda evaluar la situación y orientarnos  de la mejor manera posible.

ALGUNOS CONSEJOS PARA QUE LA MENTIRA NO SE CONVIERTA EN COSTUMBRE

– Explicarle claramente la diferencia entre verdad y mentira.

– No hay que enseñarle que mentir está mal, sino incidir en las repercusiones que ese engaño pueda tener sobre los demás y las consecuencias que ha podido acarrear.

Dar ejemplo.

No mentir ni prometerles cosa que no sabemos con toda seguridad podamos cumplir.

Ante preguntad de los niños que no sabemos responder, es mejor responder con “no lo sé” o “déjame que piense” que intentar salirnos por la tangente con una mentira.

Darle la oportunidad de que recapacite, que sea sincero y admita la mentira. “¿Estas seguro de que esto ha sido así? Piénsalo antes de contestar.”. Si admite la mentira entonces felicítale porque ha rectificado.

Si ha actuado mal y nos los confiesa sin mentir es recomendable que lo tengamos en cuesta a la hora de aplicar el castigo. Si ha actuado mal tiene que tener unas consecuencias, pero, de alguna manera, podemos valorar que ha sido sincero y lo ha reconocido siendo un poquito más indulgentes.

No reaccionar de forma desproporcionada cuando mienta. Una mentira no es un crimen por muy mal que no siente. Si nuestra reacción es desproporcionada, lo que estamos propiciando es que la próxima vez el niño mienta para evitar una futura reprimenda. Debemos mantener la calma, tratando de que el niño el niño entienda la inutilidad de la mentira y lo fácil que hubiese sido decir la verdad ya que no hubiera pasado nada.

La mentira no siempre hay que castigarla, a veces es recomendable saber sus razones para mentir, de tal forma que podamos actuar y hacerle comprender lo valioso que es ser sincero.

 

QUE NO TE PREOCUPEN SUS MENTIRAS, MEJOR PREOCUPATE POR EL MIEDO A DECIR LA VERDAD

 

 

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