EL FRACASO COMO APRENDIZAJE

Últimamente está siendo bastante habitual encontrarme en el gabinete  con jóvenes inseguros, sin ninguna capacidad de esfuerzo y que ante las primeras dificultades se hunden.

El origen, en muchos casos, se encuentra en la educación que han recibido desde pequeñitos. Muchos padres para evitar que sufran hacen todo lo posible para que no tengan ningún tipo de preocupación. Piensan que así serán más felices, pero se equivocan, porque de esta manera, los niños crecen pensando que todo va ir siempre bien y, cuando las cosas no les salen como ellos quieren y sus padres no pueden ayudarles, carecen de recursos para  enfrentarlo y, como consecuencia, se sienten fracasados. Es entonces, cuando comienzan los problemas.

Las reacciones ante este tipo de situaciones son siempre las mismas: “es muy difícil” “no soy capaz de hacerlo” “me cuesta mucho”. El siguiente paso es pedir a los padres que les solucionen la papeleta.

La angustia o malestar que generan este tipo de situaciones deriva en frustración, un sentimiento que deben aprender a gestionar para que cuando sean adultos sepan cómo enfrentarse a situaciones difíciles en la vida.

DOS TIPOS DE FRACASO

Debemos diferenciar dos tipos de fracaso:

  1. El que genera el hecho de no hacer bien algo.
  2. El que ocurre cuando no consigue lo que quieren.

1.ERROR COMO UNA OPORTUNIDAD PARA APRENDER

Las equivocaciones ocurren y siempre ocurrirán. Evitar que tus hijos se equivoquen es ponerles en una situación no real, que tarde o temprano estallara de alguna forma. Es mejor permitir que se equivoquen (dentro de unos límites) para que puedan aprender de sus errores y asimilarlo como algo natural.

Ejemplos prácticos:

  • Si un día elige ver una película en el cine que sabemos que no le va a gustar, debemos permitirle que elija y evitar el habitual “Te lo dije” cuando se de cuenta de su error.
  • Imaginemos que quiere salir a la calle en invierno con una camiseta. Aunque nos parezca una locura es conveniente que se respete su decisión. (Siempre se puede llevar escondido un jersey por si cambia de opinión.) Si el niño se queja porque tiene frio, en vez de recriminarle podemos preguntarle, por ejemplo: ¿qué te parece si nos ponemos un jersey? De este modo, no dañaremos su autoestima.

Los niños no deben ver los fracasos como algo negativo, sino como una oportunidad para aprender, Si por ejemplo, vuestro hijo no se ve capaz de realizar un trabajo o ha sacado malas notas en el colegio, debéis hablar con él y tratar de conocer las causas. Hemos de explicarle que todo el mundo se equivoca y que los más probables es que, si aprende y trata de mejorar, no volverá a cometer el mismo error en un futuro.

Hay que tener en cuenta que la mejor forma de aprender es la técnica del ensayo error. Debéis enseñarles a adoptar una actitud positiva ante el fracaso. En lugar de obsesionarse con el problema  que ha tenido, debe dedicar sus energías a buscar una solución.

Algunas recomendaciones para gestionar la frustración:

– Dar ejemplo y no caer en la sobreprotección.

– Educarle en la constancia, la perseverancia y el esfuerzo (este post puede ser de utilidad)

No darles todo hecho. Si se le facilita todo al niño y no se le permite alcanzar sus retos por sí mismo, es difícil que puedan equivocarse y aprender de sus errores para saber enfrentarse al fracaso.

– Enseñarles formas positivas de hacer frente a estos sentimientos adversos:

  1. Mediante técnicas de relajación.
  2. Enseñarle cuando pedir ayuda. Hay que enseñar al niño a intentar encontrar una solución primero si no lo consigue podemos trabajar la frustración preguntándoles “¿Qué podrías hacer en lugar de enfadarte o abandonar la tarea?”
  3. Identificando el sentimiento de frustración cuando aparezca. Por ejemplo, “Pablo esta rabioso porque no le ha salido esta suma. Inténtalo con otra y tomate más tiempo”.

2. CUANDO NO CONSIGUEN LO QUE QUIEREN: COMO GESTIONAR LAS RABIETAS.

El otro tipo de sensación de fracaso es la que surge cuando no consiguen lo que quieren y recurren a la rabieta como presión a sus padres.

En estos casos, ceder no es una opción. Hay que mantenerse firmes y no darles lo que piden.

Este consejo parece sencillo en teoría pero en muchas ocasiones sobre todo en niños mayores, los estallidos ante la negativa de sus padres en muchos casos se vuelven incontrolables. Si esto ocurre debemos dejar que el niño se tranquilice para que, una vez calmado, poder hablar con él. Intentar razonar con él en plena rabieta no es recomendable, solo se conseguirá que esta aumente en intensidad.

En conclusión, debemos enseñar a nuestros hijos a gestionar sus emociones negativas y a utilizar los errores como una buena ocasión para madurar emocionalmente.

 

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