No nos engañemos, la familia perfecta no existe. La convivencia provoca que, hasta en el hogar más feliz, se discuta de tanto en cuanto.
Es normal que las personas tengamos opiniones o enfoques diferentes sobre las cosas. Es importante que expresemos lo que sentimos y lo que pensamos aunque no estemos de acuerdo.
¿Es malo que nos vea discutir?
Es primer lugar, debemos diferenciar dos conceptos que solemos utilizar erróneamente de la misma manera: “discutir” y “pelear”. El primero, buscar solucionar los problemas a través de argumentos y el dialogo mientras que, en el segundo tiene como objetivo herir o ganar, como si fuese una competición de quien tiene la razón.
El hecho de que los hijos presencien, de vez en cuando, una discusión entre sus padres no tiene porque ser perjudicial siempre y cuando se cuiden las formas y no haya faltas de respeto, gritos y una actitud agresiva.
Los niños son como esponjas y tienden a imitar de sus padres comportamientos y formas de afrontar situaciones; por tanto, si solventamos estas discrepancias mediante el dialogo les estamos dando una valiosa lección para la vida. Aprenderán que las opiniones de los demás no siempre coinciden con las nuestras y deben ser respetadas, esto no quiere decir que no debamos expresar nuestro mal estar sino hacerlo de manera que no dañemos a la otra persona.
¿Cuándo se convierte en un problema?
En ocasiones, sin darnos cuenta, las discusiones pueden subir en intensidad llegando los gritos, insultos y reproches.
A los niños, a cualquier edad, les asusta mucho presenciar u oir estas peleas entre sus padres, generándoles un sentimiento de culpa, por creerse el motivo de disputa, inseguridad y tristeza.
Si presencian de forma repetida estas situaciones puede comenzar a presentar signos de estrés (desajustes en la comida, problemas de sueño, agresividad, dolores de cabeza).
¿Cómo les afecta según la edad?
De 0 a 18 meses
Aunque pensemos que a esta edad el niño no se da cuenta, estamos muy equivocados porque lo sienten todo: sienten nerviosismo, la tranquilidad y, por supuesto, sienten la tensión entre sus padres. Es habitual, que después de una pelea el bebe se encuentre irritable, le cueste conciliar el sueño y suela despertase varias veces durante la noche. Incluso suele persistir a pesar de que los padres hayan hecho las paces.
A partir de los 3 años
Ya toma conciencia de la repercusión de sus actos por lo que puede llevar a cabo una conducta más proactiva para acaparar la atención de sus padres y que, de este modo, dejen de pelear. Puede ponerse a llorar, gritar.
A partir de 3 años
A partir de esta edad es muy habitual en el niño conductas regresivas (conductas ya superadas) como hacerse pis, chuparse el dedo.
También sufre mucho cuando se separa de sus padres, por temor a que estos se peleen y ocurra algo malo cuando él no está. Por ello, en ocasiones se niegan a ir al colegio.
¿Cómo discutir sin enfadarse?
Algunas recomendaciones para que las discusiones no llegue a mayores.
– Muchas veces resolver el problema en el mismo momento no es lo más recomendable. Si es necesario buscar un momento en el que estéis tranquilos.
– Si notáis que, durante la discusión os ponéis nerviosos, daros una tregua. Daros un tiempo para reflexionar, incluso pedir opinión a personas cercanas.
– Darle tiempo para que la otra persona explique como se siente. Seguramente habrá cosas con la que no estéis de acuerdo, pero procurar escuchar sin interrumpir al otro. Ya llegara vuestro turno.
Si aún así el niño presencia una pelea, es importante hablar sobre lo ocurrido con él, tranquilizarle y que pueda expresar como se siente. Explicarle que en ocasiones, los adultos se enfadan pero ello no quiere decir que se dejen de querer. Y por último, pedirle disculpas por el mal rato.
También es importante estar atentos a actitudes como portazos, malas cara porque los niños se fijan en todo.
No olvidéis que es importante para el desarrollo del niño, crecer en un ambiente hostil lleno de peleas constantes.