Como Adultos, conocemos la influencia que nuestros pensamientos poseen en nuestra manera de interpretar la realidad, en nuestro estado emocional y por supuesto en nuestra conducta. Tener un mayor control sobre los mensajes que nos enviamos nos hará ser más resolutivos, tener un mayor control sobre nuestros sentimientos y mejorar nuestras relaciones.
“Domina tus pensamientos y dominaras tus circunstancias”
Desgraciadamente,muchos de nosotros, hemos adquirido esta valiosa lección con el paso de los años y las experiencias vividas.
Por ello, estaréis de acuerdo conmigo que inculcar en nuestros hijos, desde pequeños, un hábito de pensamiento más saludable es una valiosa herramienta que les convertirá en un futuro en personas positivas y seguras de sí mismas.
¿CUANDO PODEMOS COMENZAR?
Es importante, que comencemos a trabajar esta rutina desde pequeños ya que les resultara mucho más fácil automatizarla. Podemos esperar que el niño tenga un dominio del lenguaje para poder empezar.
ASPECTOS A TENER EN CUENTA
En muchas ocasiones, cuando intentamos razonar con ellos cometemos el error de esperar que entiendan y piensen como nosotros, los adultos.
Tenemos que tener presente que el niño hasta los 12 años no alcanzado la madurez (pensamiento) suficiente para poder entender la compleja relación entre pensamientos, emociones y conducta. Por tanto, debemos ir trabajando dichos conceptos en situaciones concretas que vayan aconteciendo.
¿QUE DEBEMOS HACER?
Para construir un hábito de pensamiento saludable en nuestros hijos, estos tienen que aprender a localizar aquellos mensajes disfuncionales para convertirlos en mensajes más adaptativos.
¿COMO PODEMOS LLEVARLO A CABO?
Cuando un niño verbaliza un pensamiento negativo ya sea sobre el mismo o sobre los demás, la reacción más habitual del adulto es enfadarnos y regañarlos por pensar de esa manera
“¡Que sea la última vez que te oigo decir eso!”ó «¡No diags eso!»
Ante esta reacción el niño se muestra confuso porque no sabe porque le regañan y no modifica, por tanto, su conducta.
Os propongo una idea con la que los más pequeños lo entenderán mejor:
En vez de centrarnos en ese pensamiento disfuncional podemos explicar al niño que tenemos dos formas de pensar:
– De forma negativa (como el diablito que sale en los dibujos animados)
-De forma positiva (como el angelito que sale junto al diablo).
Ponemos ambos tipos de pensamiento en boca de dos personajes de dibujos para facilitar su comprensión.
A partir de ahí, podemos utilizar de manera cotidiana en los momentos en los que el niño exponga su pensamiento disfuncional.
Ejemplo:
Niño: “No se me da bien nada, nada me sale bien”
Adulto: Creo que en estos momentos es el diablito el que está hablando. Yo creo que en este caso el angelito te recordaría el gol que metiste el otro día en el partido, lo bien que cuidas a tu hermano, el día que te felicito tu profesora,…
(Incluso podemos utilizar diferentes voces para diferenciar a ambos personajes).
De este modo, vamos a enseñar al niño que este tipo de mensajes que él conoce como “diablito”, no es sano, no es adecuado y debe cuestionarlo favoreciendo un pensamiento más racional.
¿Que os parece?